miércoles, 27 de julio de 2011

¡LA SOLIDARIDAD O EL INDIVIDUALISMO!

En otras oportunidades me he dedicado a escribir sobre la Solidaridad, y sin ánimos de tornarme repetitiva considero que una vez más se hace necesario, ya que, como valor que emerge de los seres humanos y se traduce en  brindar el apoyo a quienes lo necesiten, puede decirse que en los actuales momentos en el planeta atravesamos una severa crisis de solidaridad, o lo que es igual a: estamos siendo devorados por un monstruo de mil cabezas llamado “Individualismo”. 

Es común, que cuando hacemos una síntesis mental de la palabra Solidaridad, la vislumbremos meramente como un reflejo de la actitud que como seres humanos  asumimos cuando los vientos no están a favor, no obstante, la Solidaridad es y debe ser entendida como un reflejo de la interacción social que día tras día experimenta el ser humano con su mundo, y los sentimientos que afloran de ese proceso y que conducen al apoyo mutuo, a la práctica del dar sin esperar recibir, a la ayuda desinteresada y libre de mezquindad.

Para ahondar en el análisis, es preciso revisar la realidad, y comos las circunstancias nos hacen más o menos solidarios, y las consecuencias que de allí se derivan, todo con el objeto de detectar en la cotidianidad de los actos la mejor manera para resolver el problema; en ese sentido, si escudriñamos solo un poco en nuestra actualidad, encontraremos que son muchas las actitudes que ponen de manifiesto la crisis de solidaridad de la que hablé en el primer párrafo, incluso más allá de las fronteras, lastimosamente el mejor y  oportuno ejemplo de falta de solidaridad es “Somalia”  entre otros países del cuerno de África, que hoy en día son victimas de la desigualdad que hay en el planeta y de cómo la ausencia total de solidaridad y empatía puede llegar hasta cobrar vidas, esta grave situación por algunas organizaciones humanitarias como la  Oxfam*(1) ha sido catalogada como “Un colapso catastrófico de la responsabilidad colectiva de acción en el mundo”;   colapso que pudo haberse evitado de existir una respuesta de emergencia preventiva  de parte de los organismos Internacionales y las Naciones en General, ahora bien, en este caso puntual aluden a la falta  responsabilidad social, considero que no hay hechos aislados, ciertamente no hubo responsabilidad social colectiva; pero, como podríamos ser socialmente responsables sino somos primero empáticos y solidarios? He allí la causa primigenia del problema,  por lo tanto a mi juicio, lo que subyace en este triste escenario es una ABSOLUTA FALTA DE SOLIDARIDAD.

Del mismo modo, si decidimos centrar el estudio en nuestro país, el escenario no es muy diferente, ya que últimamente los acontecimientos en pleno desarrollo como diría el estimado Walter Martínez nos han demostrado que una significativa pero minoritaria parte de los venezolanos, literalmente celebró la triste  noticia del delicado estado de salud  del Sr. Presidente de la República Hugo Rafael Chávez Frías, lo que a mi criterio, no es más que falta de solidaridad, ya que en lugar de aflorar sentimientos de fraternidad, ese lamentable momento fue propicio para que despertara en algunos sectores las más bajas pasiones, afortunadamente fueron y serán minoría.

 Sin embargo, como orgullosa Venezolana segura estoy que los venezolanos en su mayoría somos gente de bien, solidarios y dispuestos a ayudar y hacer el bien sin mirar a quien, pues, está más que demostrado que el Pueblo consciente es empático, y, cuando se lo propone es solidario; digamos que no hemos perdido ese valor, eventualmente lo tenemos extraviado, nuestro problema es de voluntad, y aunque muchos aún no han reaccionado y siguen atrapados en el submundo de la individualidad que no les deja pensar en los demás, estamos a tiempo de reaccionar y revertir el proceso de entropía que nos agobia como sociedad.

Despertar es vital, porque cada día se cierra la brecha entre lo que  holísticamente conocemos como el bien y el mal, y día tras día la inercia colectiva nos hace menos buenos, ya que, al no hacer nada para deslastrarnos de vicios del pasado que están tan enraizados que no nos dejan avanzar, nos hacemos cómplices silentes y responsables directos de lo que pueda ocurrir, es decir nos hacemos indiferentes y la indiferencia conduce a la pérdida de la solidaridad, el egoísmo la aniquila y nosotros en esencia nos convertimos en mezquinos victimas del “YO” y victimarios del colectivo, por lo tanto, debemos sensibilizarnos, entender que dentro de este proceso histórico de transculturización, alienación y pérdida de valores humanos y colectivos, solo nosotros tenemos la última palabra, es momento de decir ya basta.

Basta de Pensar solo en lo que nos conviene como individuos,  basta de luchar solo por lo que nos importa sin pensar si eso daña o destruye a alguien más, como dice Arjona no es posible que en este mundo haya más religiones que niños felices, que la alimentación de los seres humanos se sacrifique porque fabricar armas y artefactos de destrucción da mejores dividendos, basta de pensar que si el maíz da más ganancias convertido en combustible bien vale la pena que crezca el hambre en el mundo, basta de hablar de paz incentivando la guerra, basta de despilfarros cuando alguien en el mundo muere por no tomar una medicina, basta de querer siempre más porque nada es suficiente, basta de desearle mal a otro ser humano solo porque nos miró mal, basta de creer que lo que no hacemos por un ser humano no importa porque ya otro lo hará, lo que no sabemos es que quizás nosotros somos su única y última esperanza, a todo eso ha llegado el momento de decirle basta.


En conclusión, son muchas las tareas a cumplir para que aseguremos un porvenir a nuestra patria y al planeta en general, lo apremiante, tener voluntad y compromiso; empecemos por cultivar la solidaridad, como muestra de que la verdadera cohesión social es posible, incentivemos en nuestros niños el amor al prójimo, la bondad, la interdependencia, la comprensión, el respeto por los demás, el reconocimiento y justo valor de las cosas, la reciprocidad, la práctica de la fraternidad,  la cooperación, y con ello estaremos dando un salto cualitativo hacia la conformación de los valores colectivos que nos harán mejores ciudadanos.



“La solidaridad trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales, culturales…..Para instalarse en el hombre, en cualquier ser humano, y hacer sentir en nuestro interior la conciencia de una “familia” al resto de la humanidad.”

"Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos. ... Martin Luther King


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