La madurez emocional es la artífice de todas nuestras actitudes, y la regulación o desregulación la causante de nuestas reacciones.
Lo que sí sé, es que la persona madura se vuelve más selectiva porque sus estandares son altos, y quizás ahí es donde reside la razón por la que hoy en día hay más gente soltera por elección incluso a los 50.
Las personas que deciden evolucionar hay un desarrollo del ser coherente y en armonía no se están conformando, y no se trata de exigir de más, se trata de que se ocupan de construir vínculos con personas afines, y eso es cada vez más complejo.
Porque una persona que ha trabajado en si misma busca un par, una persona con madurez y capacidad para gestionar sus propias emociones y capaz de comprender las suyas sin caer en un bucle, no solo se trata de responsabilidad afectiva o consistencias, también tiene que ver con estabilidad emocional y humildad para reconocer los errores, más allá de solo hacer berrinches que ya solo se le aceptan a los niños.
Una persona que patea la mesa o te amenaza con irse cada vez que hay una diferencia no es madura, y una que evade conversaciones también y lo digo por experiencia, la que adquirí luego de equivocarme bastante.
Un adulto funcional con responsabilidad afectiva debe estar en capacidad de comprender e internalizar que una conversación no es una discusión, que hablar es necesario y sí, me refiero a solo hablar sin violencia, sin sarcasmos y sin juicio, y si algo vital para sostener un vínculo te drena tienes un problema de tolerancia a la oposición, y a los puntos de vista diferentes que son válidos y están bien, porque los iguales, los que siempre están de acuerdo en el mundo real no existen.
Es justo ahí que los vínculos quedan en el aire, porque la persona realmente madura debe entender que el mundo es como lo ve y no como es en realidad, y que la otra persona puede tener una visión distinta y eso también está bien.
Lo que ocurre muchas veces es semántico, entendemos cosas distintas, interpretamos distinto y cada quien como lo ve lo siente.
Por eso los vínculos se vuelven complejos.
Sentimos desde la herida.
Conectamos desde la necesidad.
Y justo ahí es que empiezan las diferencias.


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