miércoles, 21 de junio de 2017

La Inteligencia Emocional como Herramienta de Gestión


En situaciones conflictivas y momentos de crisis que se viven en el día a día laboral, pueden surgir diferencias entre los miembros del equipo que nos generan incomodidad, esto ocurre porque la mayoría de las veces utilizamos un tono inadecuado para discutir o defender una idea, debido a que nos cuesta escuchar al otro y mantener un dialogo respetuoso, por el contrario, en ocasiones intentamos imponer nuestros criterios, porque estamos seguros que la razón nos pertenece.



Asimismo, es común que no establezcamos límites, y esto nos conduzca a ligar situaciones afectivas y emocionales con el trabajo, lo cual es consecuencia de la subjetividad al momento de realizar valoraciones sobre las personas que nos rodean; ignorando que en el ámbito laboral tenemos funciones y por lo tanto debemos cumplir con nuestra responsabilidad sin permitir que los conflictos personales se interpongan.



Es allí donde quien ejerce un rol supervisorio debe poner en práctica todas sus habilidades para lograr que el ambiente de trabajo se desarrolle en un clima de paz, armonía y conciliación;, orientando al personal sobre las maneras más adecuadas para expresarse y escuchar con respeto, ya que la actitud del jefe se proyectará en su equipo de trabajo, dado que las competencias emocionales del supervisor serán determinantes en el éxito de la gestión en general.



Esto ocurre, porque un buen manejo de competencias emocionales por parte del supervisor permitirá que el personal también esté en capacidad de hacer frente a situaciones de diversas índoles, y que cuando surjan desavenencias, sus reacciones estén dentro del marco del la tolerancia. Lo anterior, generará un efecto de repetición positiva que mejorará sustancialmente el clima del centro de trabajo, esto resultará saludable ya que compartimos inclusive más tiempo con nuestros compañeros de trabajo que con nuestra familia, también nos ayudará a suavizar el entorno y a aceptar que cada individuo tiene un patrón de conducta diferente, basado en una forma de pensar fiel a sus propias vivencias y a su modo de concebir el mundo, entonces, es natural que de una divergencia de ideas surja un conflicto.



Allí lo verdaderamente valioso es como se aborda y se resuelve, en el entendido de que la inteligencia emocional no evita los problemas, tampoco los desvanece, simplemente, nos da las herramientas para no engancharnos en situaciones problemáticas con sentimientos negativos que en nada contribuyen con nuestro bienestar.



Es previsible que la mayoría de las situaciones complejas dentro de un área de trabajo se deban a una comunicación poco efectiva como consecuencia de interpretaciones equivocadas, confusiones, o estilos de lenguaje incompatibles, inclusive, la experiencia me ha enseñado que en muchas ocasiones la gente elige suponer en lugar de preguntar, y estas diferencias pueden terminar en líos innecesarios y enemistades que podrían haberse resuelto con una conversación a tiempo. Es justo allí, donde el rol del supervisor es vital, en virtud de que quien lo ejerce debe estar en capacidad de observar, ponderar e involucrarse en la solución sin parcializarse, pues, si se permite caer en chismes y comentarios, obviamente su visión será sesgada hacia una de las partes y esto generaría aún más confrontación y desánimo.



Finalmente, es valioso compartir que un manejo adecuado de nuestras emociones nos permitirá construir un clima laboral armónico y respetuoso, favorecerá la comunicación entre los miembros del equipo y evidentemente esto se proyectará en el ambiente y en la forma de hacer el trabajo, comprendiendo que en situaciones de crisis, es importante mantener el control, aprender a respirar y a pensar muy bien las cosas antes de expresarlas dejándonos llevar por las emociones, las crisis son caldo de cultivo para que la gente tenga los ánimos exacerbados, será la inteligencia emocional que logre desarrollar la que hará la diferencia.

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