martes, 12 de abril de 2011

LA BANALIZACIÓN DEL CAMBIO



Buscando un inicio adecuado para este artículo, mil palabras llegaron a mi mente, intenté enlazar ideas que me llevasen a explicarles que es lo que me ha ocurrido en las últimas horas,  situaciones inesperadas que por la desidia, inequidad, egoísmo, individualidad de algunos, me hicieron  sentir una decepción paralizante pero momentánea, en ese momento quise ignorar el asunto y dedicarme a lo que realmente era importante para mí, solo para mí, no pude, me sentí egoísta, afortunadamente reaccioné, esa no es mi naturaleza, fui formada en el nosotros, mis objetivos incluso los personales siempre son colectivos, así que medité y entendí que abandonar la lucha sería traicionar mis principios, decidí entonces hacer catarsis para entender que mi conciencia colectiva quizás va un paso adelante pero los que van detrás necesitan de mi para no desviarse, y que mi tarea esencial se basa en revitalizar voluntades cuando creen que seguir es una pérdida de tiempo, allí debo ser ese agente de cambio necesario que propulse la transformación verdadera hacia la sociedad que nos hemos planteado construir, me siento como una hormiga bajo la bota de un gigante, quizás ese es el juego, desgastarnos, así que mi responsabilidad es mayor, no puedo permitirme debilidades eso sería apostar al enquistamiento de las viejas estructuras y paradigmas que se niegan a ser derribados….allí recordé que quien desea cambiar algo no puede darse el lujo de cansarse antes de tiempo, y a mi mente vino un video que vi algún día sobre las hormigas y como ellas siendo tan pequeñas pueden de forma organizada vencer al depredador más feroz, así que decidí seguir adelante.


 Así fue como advertí que el asunto no es hablar de cambios, es que si fuera por eso el mundo ya sería mejor, todos usan la palabra  “CAMBIO” continuamente, la repiten  tanto que la banalizan, la mayoría de los seres humanos creemos que cambiar es asumir una pose de que estamos haciendo algo de modo diferente, que con cruzar la calle y caminar del otro lado de la acera estamos mejorando, algo así como variar el color del cabello para sentirnos distintos, en el fondo es el mismo cabello, un poco más maltratado pero con otro color, no hay cambio real, solo un disfraz que a larga nos hace caer en autoengaños y afianzando la idea de que con un poco de maquillaje somos personas diferentes, pues NO, somos los mismos al lavarnos la cara, cuando nos miramos al espejo somos los mismos sujetos llenos de imperfecciones que nos empeñamos en esconder con un poco de rubor.


Cuando afirmo que banalizamos el cambio,  me incluyo porque formo parte de este planeta y nada hago queriendo transformar algo sola, cuando hasta ahora no he logrado sumar voluntades que también quieran acompañarme en la aventura de emprender una transformación que sea real, que se proyecte en el colectivo y comience a cristalizarse en nuestro entorno, cuando intento analizar qué es lo que ha ocurrido,  me pregunto, quien banalizó el cambio? No es secreto que vivo de las preguntas, son ellas las que me invitan al conocimiento continuo;.... justo en ese momento me respondo que el cambio lo banalizó alguien que creyó que podía sacar provecho de él y como un castillo de naipes, todos terminando creyendo que la cosa es fácil y que con el tronar de los dedos o la nariz de hechizada vamos a alcanzar lo que deseamos,  para muestra un botón, actualmente hay múltiples disciplinas que  venden al cambio como la panacea de todos los males, les puedo mencionar la PNL, la Inteligencia Emocional, el Coaching Organizacional, El Zisgeist Gerencial, los programas de Autoayuda, el Feng Shui, en fin, todos hablan de cambiar, de lo maravilloso de intentarlo, algunos hasta se aventuran a inventar recetas, pero la verdad de todo, en mi criterio es que no existen fórmulas mágicas; si no entendemos que todo está en la actitud, todas estas técnicas altísimamente respetadas por mí, unas quizás más que otras, en fin, como las normas de contabilidad las considero generalmente aceptadas en mi mundo, mi duda surge cuando analizo que en ocasiones me ha tocado recibir formación en este ámbito por ejemplo en PNL (Programación Neuro-líguistica) o Inteligencia Emocional con personas de mi entorno con las que debo coexistir la mayor parte del tiempo, y, mi dilema  comienza cuando razono que estas técnicas funcionan conmigo y no con ellos, al menos desde mi óptica, lo incongruente del asunto es que ellos dirán lo mismo de mi, bienvenida la complejidad una vez más. Por ello lo ratifico  es la ACTITUD, es entender, internalizar, discernir, que el cambio no es una función que programas y listo, no es una aplicación de blackberry que hará todo sin ayuda, no es creer que cambiar el estilo de la ropa genera transformación, si somos sujetos grises aunque nos vistamos de rojo en esencia seremos sujetos grises con una tonalidad rojiza transitoria, ese es el error, banalizar la tarea, ver la vida con superficialidad, sintiendo que porque un día hicimos algo diferente nos hemos ganado el cielo, merecedores de las mayores loas, no, NO es suficiente, allí refuto a mi querido Einstein…no solo basta con hacer las cosas diferentes para generar cambios, hay que inventar, ensayar, crear, innovar y mejorar, cada día, luchar con vehemencia para convertirnos en la diferencia, por regla e imitación produciremos el efecto deseado y daremos paso a la generalidad; la tarea es transformar los pensamientos, las acciones y proyectarlas en el colectivo de modo tal que se traduzcan en un cambio real y verdadero, una vez más me planteo como necesario generar la crisis que nos lleve a aprovechar nuevas oportunidades, no obstante, es un proceso complejo, lo primero es reconocer que necesitamos cambiar algo, hacer un diagnóstico de la situación, delimitarla, analizar que nos llevó a eso y que riesgo corremos si continuamos anclados, el examinar el problema nos permite cortar las cadenas que nos liberarán de él. Una vez más, usemos el ejemplo del cabello, nada hacemos cambiándole el color cuando la realidad es que seguirá maltratado, quizás hasta debamos cortarlo, podría ser doloroso asumir la nueva imagen pero seguramente necesaria; cambiar el peinado, tampoco será suficiente, debe ser un proceso conjunto de corte y buenos cuidados; igual pasa  en la cotidianidad, exactamente así lo veo y entiendo; y resistirse a cortar un cabello maltratado y saturado de químicos es correr el riesgo de quedarnos calvos, así estamos todos los seres humanos, queremos cambiar y no sabemos en qué momento la píldora mágica aparecerá para hacernos el trabajo fácil, es que no hemos entendido que vamos contra reloj, que gracias a la ley de la entropía jugamos al desequilibrio que nos conducirá hacia la autodestrucción y nosotros somos los únicos culpables, despertemos, no esperemos que sea demasiado tarde, nadie hará el trabajo por nosotros.

Insistir en banalizar los cambios es condenarnos a vivir en una sociedad donde  solo algunos logran sacar provecho de la debilidad de otros y lamentablemente a ellos no les conviene que nuestro cambio sea real, así que de ti depende si lo sigues permitiendo, yo desperté y estoy intentando hacer algo para que el barco no se hunda estoy remando muy fuerte, sola no puedo, te animas?


Johana.


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