sábado, 11 de diciembre de 2010

LA ÉTICA Y EL DESARROLLO SUSTENTABLE

Les invito a leer este post, antes les informo que estas líneas son un extracto de un ensayo sobre ética global que realicé para la asignatura Proyectos Sociales y Ética a mediados del año 2009, a propósito de mi Postgrado ya afortunadamente concluido en Gerencia Pública en la UNEFA, con el cual tuve la dicha de coincidir hace unas noches mientras buscaba otros archivos, cada palabra aquí escrita es el producto de mucha lectura y análisis reflexivo, obviamente apoyada en fuentes primarias y secundarias, las cuales me sirvieron para enlazar cada una de las ideas aquí descritas......como me gusta leer y releer lo que escribo, me pareció al revisarlo que este tema está tan vigente que merece la pena leerlo. espero les agrade, y, de ser así, estoy abierta a recibir sus comentarios.


Dilemas Éticos

Enfoque Global

En la época actual muchos son los cambios necesarios que se vislumbran en lo inherente a la construcción de una ética mundial que promueva una transformación política, económica, social, interreligiosa y hasta dialógica, en virtud de que el mundo no tendrá ninguna posibilidad de desarrollo mientras sigan existiendo un conjunto de “Éticas” opuestas que como la ley de entropía solo causan desequilibrios que atentan contra la paz y la supervivencia del planeta.
Sobre la base de las consideraciones anteriores, es oportuno que les  mencione que muchos han sido los esfuerzos por construir una  nueva ética en el mundo moderno, a tales efectos me permitiré mencionarle algunos estudiosos del tema; tal es el caso de Kung, H (1993) cuyos aportes se sustentan en el diseño de un proyecto para una nueva ética mundial, que fortalezca la  moral, en virtud de que a su juicio superar las insuficiencias éticas es uno de los principales retos del siglo XXI.
Luego de analizar concluyo que esta situación, ha sido producto de las turbulencias políticas y económicas de los últimos años en todo el mundo, el desarrollo científico- tecnológico, la expansión de la globalización  y algunos otros factores como la degradación de la familia  que en conjunto han provocado un debilitamiento en la teoría de los valores asociadas a la conducta moral que generalmente cuestiona la validez de las éticas tradicionales, tanto religiosas como seculares.
Es evidente entonces, que los dilemas éticos del ser humano han aumentado en la misma dimensión que la modernidad racionalista y el avance de la ciencia; prueba de ello es que en la actualidad se debate sobre la despenalización del aborto,  la amenaza de la energía nuclear, el equilibrio ecológico, la manipulación genética, y algunos otras variables que desafortunadamente nos ha conducido una sociedad sin controles éticos, donde la divergencia de opiniones está a la orden del día, incluso me atrevo a decir que la crisis financiera que se inició en los Estados Unidos es producto de éste profundo conflicto ético por el que atraviesa ese país desde hace mucho tiempo, valdría solo mencionar el caso de Bernard Madoff y la estafa piramidal de más de 50  mil millones de dólares que golpeó a parte del mundo, o el tan recordado caso de las armas de destrucción masiva en Irak que nunca existieron, solo como pretexto para invadir a un pueblo soberano; en fin, son unos de los muchos ejemplos que pudiera mencionarles, y que están directamente relacionados  con la crisis ética y moral que esta minando cada rincón de nuestro planeta.
De acuerdo a los acontecimientos que se han venido generando, surge la necesidad de que se adopte una ética global que esté a la altura de las nuevas situaciones, que logre construirse a través de consensos y convergencias, es decir, una ética orgánica que emerja de la base de la sociedad, del diálogo entre hombres y mujeres sin importar su religión, lo único importante es que tengan objetivos comunes; cuyo eje central sea construir  caminos que nos lleven hacia la práctica de la moral, hacia  una ciencia responsable, de una tecnología e industria orientada al lucro a una economía al servicio de las necesidades humanas, del ejercicio egoísta del poder al respeto y la justicia y de las democracias meramente formales a sistemas de vida que hagan posibles los derechos humanos , tal y como lo afirma Kung en su obra.
A tales efectos, lo propio es entender que este modelo ético no debe fundamentarse en un diseño intelectual, grandioso pero irrealizable, sino de un proyecto realista cuyos avances sean comprobables; por ejemplo a mi juicio el secreto está en buscar consensos por encima de credos e ideologías, entendiendo que sobrevivir es más importante que vivir mejor, saber hasta donde debemos llegar, es decir, no podemos fomentar un desarrollo científico y tecnológico que cree más problemas que soluciones, es justamente allí donde entra en juego la responsabilidad social, en la cual el interés colectivo debe siempre prevalecer sobre el individual; estas líneas las tomé de un ensayo sobre ética global que leí y me pareció oportuno incluirlas en mi análisis.
En ese orden de ideas,  estoy segura que los seres humanos debemos entender que la moral es un problema público de primera importancia, hablamos más de moral que de ética, porque la ética etimológicamente se define como la rama de la filosofía que estudia la moral y la conducta humana; una vez que logremos internalizar eso, podremos esclarecer el panorama, dado que el futuro depende de ello, de conocer cuales deben ser los valores universales que sustenten a la sociedad del siglo XXI.
Del mismo modo, resulta oportuno comentarles que Kung (2008) también ha desarrollado una obra titulada “Una Nueva Ética para América Latina”, en la que repasa las posibles intersecciones de su proyecto con los temas que animan el pensamiento del “continente de la esperanza”, tal y como él mismo denomina a América Latina. Así, uno detrás de otro, los diversos capítulos del libro van relacionando el Proyecto de una Ética mundial con la ciencia, la religión, la política, la economía y la educación de ese continente en pleno florecimiento.
De acuerdo a lo comentado sobre este autor, es relevante mencionar que él considera cuatro principios  fundamentales que deberían regir el nuevo orden mundial y latinoamericano en función de la construcción de la nueva ética, y ellos son  la no violencia, la solidaridad, la tolerancia y la igualdad entre hombres y mujeres, y sí concienzudamente los analizamos, podremos concluir que son perfectamente asumibles, entonces sólo debemos decidirnos por el  diálogo, pues citando al Dr. Ariyaratne fundador del movimiento Sarvodaya, “… aquí lo que verdaderamente importa es que el universo es nuestro país y la raza humana nuestra tribu”, y la supervivencia  de los seres humanos a través del tiempo depende de  que logremos entender eso.

Enfoque Nacional

Cuando intento analizar los dilemas éticos presentes en Venezuela en su espectro más general, debo decir lo que pienso, aclarando que no pretendo imponer criterios, cada quien está en libertad de analizarlo desde su perspectiva, pero en lo personal opino que esta degeneración de amoralidad en nuestro país fue intencionada por parte de potencias extranjeras como Estados Unidos a objeto de alienarnos para mantenernos sometidos, pero forzosamente también tengo que mencionar que algunas de las repercusiones  históricamente más negativas han sido la  pérdida de confianza, el debilitamiento y fractura de la cohesión social, esto ocurre porque la convivencia social en cualquier ámbito exige de los participantes que sus acciones estén guiadas por valores y principios éticos, dado que la búsqueda de niveles de asociatividad cada vez mayores exige compromisos que sólo pueden crearse con transparencia, para que sea posible generar confianza y capacidad para innovar en todos los ámbitos y a su vez lograr el  manejo de la eficacia y la efectividad en todo lo que se  haga.

Es por ello, que actualmente la preocupación ética es motivo de estudio, y su principal objetivo es dar un giro que permita delimitar los dilemas éticos que atraviesa nuestra sociedad venezolana, pues del diagnóstico del presente y la reflexión sobre el que hacer  para revertirlo, depende el éxito y sostenibilidad del proyecto país que actualmente se desarrolla en Venezuela.

De acuerdo a lo mencionado, opino que  no sólo  se trata  de corrupción, injusticia e inequidad, vale decir, con respecto a ésta última que se han realizado algunos esfuerzos, pero aun no ha sido erradicada; aunque, cuando hablo de dilemas éticos me refiero específicamente a ese vacío existente entre  la convivencia ciudadana y búsqueda de criterios válidos para interpretar nuestra vida pública y regular sus inminentes transformaciones.

Es evidente, que nuestro país está en proceso de transición, como bien diría Antonio Gramsci “…Atravesamos una verdadera crisis histórica, la cual  ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer”, es decir, es una lucha de resistencia de lo viejo por extinguirse y  lo nuevo por emerger, entretanto, vivimos en una sociedad que intenta reconstruirse a si misma, pero desde una perspectiva endógena, para que de éste modo podamos tener una transformación que se caracterice por  su fuerza moral, y ello, obviamente nos conduzca hacia una nueva manera de comprender y de organizar el ámbito social, poniendo fin a los comportamientos discrecionales del poder e inaugurando la vigencia de normas comúnmente aceptadas y socialmente exigibles.

En líneas generales, más que reforma del Estado, lo que inconscientemente se busca y se desea es un cambio en las reglas éticas de la vida pública y en las justificaciones de las decisiones relacionadas con el bien común, o lo que es igual  un bienestar global del que se desprendan los bienes particulares, que reciba consensos suficientes para fundamentar las conductas de gobernantes y gobernados y dar legitimidad moral al modelo de desarrollo.

En otras palabras,  debemos estar conscientes  de que ésta no es una labor fácil, ya que en nuestro país existen culturas éticas muy diversas, y, unificar un criterio partiendo de una multiplicidad de opiniones puede resultar una tarea compleja, pero no imposible; y nos corresponde a nosotros iniciar las gestiones para generar el cambio, obviamente solos no podemos, por lo que se debe formar un equipo de actores en el que se conjuguen todos los factores que hacen vida en el país; en primer lugar, el gobierno a quien corresponde definir las reglas de juego; en segundo lugar los partidos políticos que debieran reelaborar los componentes éticos de sus idearios encarnándolos en la realidad del país; los líderes religiosos y sociales a quienes compete cotejar las nuevas propuestas de moral pública con la vivencias y credos de sus feligresías; y los investigadores especializados en filosofía política y filosofía moral de quienes se espera crítica, fundamentación y sistematización de este esfuerzo colectivo. Todos debieran converger en un debate abierto del que vayan brotando los planteamientos de la nueva ética pública que necesitamos.

Como puede observarse, para que sea posible reconstruir los principios éticos y morales que nos lleven por la senda del desarrollo sustentable, hace falta aglutinar fuerzas y voluntades en función de un mismo objetivo, al respecto, menciono que el Estado Venezolano ha diseñado un plan, conocido como Primer Plan Socialista 2007-2013, en el cual, se sustentan las siete líneas estratégicas que garantizarán la transición hacia el socialismo del siglo XXI; y cuya primera línea es la nueva ética socialista, la cual busca perfeccionar la conducta, la actitud indeclinable de lucha solidaria, hacia nuevas condiciones económicas, sociales y políticas, que coadyuven a promover esa nueva conciencia, pero este cambio también debe ser espiritual, para que sea capaz de consolidar la revolución  socialista que no puede concretarse sin libertad, justicia y amor.

DILEMAS ÉTICOS EN VENEZUELA

Contexto Crítico

Nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se propone refundar la república de la siguiente manera: "... establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley."

Pero en este momento histórico la realidad es otra, ya que lo venezolanos hemos vivido bajo el signo de la viveza criolla, y aunque una persona formada con ciertos principios o preceptos morales en muchos casos se niegue a realizar alguna clase de actos o a recibir favores o prebendas por simplemente cumplir con un deber, en la mayoría de los casos termina cediendo, porque realmente el problema siempre ha sido que si no lo haces tú, lo hará otro, con lo cual nunca se cierra ese círculo vicioso de corrupción y desidia nacional que hoy en día nos envuelve. Sin embargo, nosotros en Venezuela estamos atravesando por una crisis ética que afecta a todos los ámbitos, social, económico, político, religioso, cultural, laboral, familiar, entre otros. Y a mi juicio, esto ocurre porque estamos inmersos en una sociedad materialista, consumista y alienada donde el egoísmo y el individualismo privan por encima de la sensibilidad social, y por eso, es oportuno recordar a Miguel de Cervantes cuando afirma que…”La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso.”

Es evidente entonces, que en Venezuela la pérdida sistemática de valores morales y principios éticos han afectado a todas las instancias, y la administración pública venezolana también ha sido victima de este flagelo, toda vez que los funcionarios continuamente son partícipes de los vicios heredados de la IV república y que la V aún no ha podido erradicar, por lo que aún nuestras instituciones están llenas de burocratismo, corrupción, clientelismo, oportunismo, deshonestidad, deslealtad, manipulación de la información y falta de seriedad en la gestión entre otros.
Lo anterior, nos debe hacer reflexionar, ya que en palabras del presidente Chávez la construcción de un modelo socialista necesariamente debe venir acompañada de una transformación estructural, de todo el cuerpo que sustenta una nueva sociedad, y debe existir un equilibrio entre la praxis y la teoría revolucionaria para que los antiguos vicios que provengan del precario modelo social no invadan y afecten el nacimiento de la nueva sociedad, es decir, la génesis del “hombre nuevo”

Conclusiones

En síntesis, luego de mis abstracciones estoy en capacidad de afirmar que el mundo contemporáneo nos ofrece una paisaje sombrío, las muestras de intolerancia; las guerras, la desigualdad de género, social, económica y educativa, la violencia, las adicciones, entre otros en las distintas sociedades, son muestra de la falta de controles internos de la conducta del ser humano; adicionalmente las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC´s) han borrado las fronteras entre los países, haciéndonos perder nuestra cultura histórica e idiosincrasia; la violencia y perversión de los programas televisivos, los estereotipos conductuales y de ciudadanía, si es que así se le puede llamar, van a contracorriente de lo postulado en materia de valores.
Las afirmaciones anteriores, nos ponen frente a una sociedad corrompida, en términos sociológicos encontramos una sociedad enferma, las estructuras están corroídas por prácticas descarnadas que van en contra de la legalidad, de la convivencia armónica de los individuos en la sociedad y de los Estados en el concierto de las naciones. Y todo ello trae como consecuencia, un ser humano sin regulaciones éticas, que solo se centra en los beneficios inmediatos que otorgan la dinámica mercantilista y materialista, es por ello que el individuo ha dejado atrás el sentido de trascendencia del hombre, planteado por los filósofos griegos, parece ser que ahora sólo se vive para satisfacerse a si mismo olvidándonos de lo bonito que es hacer feliz a los demás.

Recomendaciones

Recomendar que hacer en materia de ética, moral y valores en una sociedad como la nuestra resulta complejo, dado que todos los seres humanos guardamos dentro de sí  una concepción del mundo muy particular que nos caracteriza como individuos únicos e irrepetibles, y ello trae consigo, una multiplicidad de criterios y medias verdades,  que nos conducen a tener una visión distinta de lo que es generalmente aceptable y lo que no debemos decir o hacer; sin embargo intentaremos delinear un conjunto de recomendaciones que se desprenden de lo desarrollado hasta el momento:
1.    Promover la transformación interna, de cada uno de nosotros como ciudadanos, internalizando las causas de la crisis ética que atravesamos, las consecuencias de las mismas, y finalmente entendiendo que la posibilidad de cambio está dentro de nosotros mismos.
2.    Que el Estado fomente a través del Ministerio de Educación y sus entes adscritos, cátedras formativas relacionadas al modelaje de la conducta humana, podría iniciarse con los docentes, para que sean ellos los multiplicadores de la información con los niños, pues la educación inicial es vital para lograr reconstruir los valores que hemos perdido en la sociedad.
3.    A través del INCES, se podrían ejecutar un conjunto de talleres formativos que vayan dirigidos a los trabajadores de todos los entes del Estado,  a los fines de generar esa conciencia responsable entre los funcionarios.
4.    Ejecutar un programa que promueva mayores grados de asociatividad a través de la incorporación de la ética en la dinámica social y una mayor transparencia en la gestión e interacción como factor clave en el proceso de desarrollo en las comunidades.
5.    Incorporar  el análisis de la Ética como asignatura en todas las universidades a nivel de pregrado, con el objeto de consolidar el proceso de formación no solo en el aspecto técnico si no en el conductual y moral del futuro profesional.
6.    Hacer mesas de Trabajo en las empresas, con el objeto de que los trabajadores de todos los niveles se sientan involucrados y diseñen ellos mismos el conjunto de valores éticos y morales que los identifiquen como institución.
7.    Crear grupos multidisciplinarios que se dirijan a las comunidades o tejidos sociales organizados a dictar charlas que permitan fortalecer la conducta moral y la ética endógena y orgánica.

A modo de colofón, concluyo citando las palabras de Haiman El Troudi,”…Transformar al hombre para transformar el entorno y viceversa…” he allí el secreto.


Después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir, y prudencia para sobrevivir.


Fernando Savater




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